El camino invisible (nueva colaboración para Salto al Reverso)

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Imagen por: Joe Beck (Unsplash)

 

Los años, trazos abiertos en el límite del cielo,

flores dormidas que desprenden aromas

y se encierran en frascos de efímera ilusión.

El amanecer, sueño que se extiende eternamente

hasta donde los ojos se cansan de ver,

boceto de un rostro pálido, sin sonrisa ni voz.

La luz, falsa esperanza que me ciega,

que no me reconoce y congela mis recuerdos

pintados al carbón, entre sombras y grises.

La lluvia, reflejo roto sobre los besos húmedos,

frágil deseo que nubla el lejano horizonte

y se desvanece en la huella de la vida que no vuelve.

El otoño, espiral que agitas mi alma a voluntad,

soplando las líneas torpes que se escriben

en el mapa de este camino invisible.

 

© Nur C. Mallart

Para Salto al Reverso

 

 

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La vida en el calendario (Colaboración para Salto al Reverso)

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Septiembre siempre había marcado en su calendario el inicio de nuevos hábitos, proyectos e ideas. Sara vivía a contracorriente, a diferencia de la  mayoría, para ella el año nuevo solo representaba una oportunidad más para agradecer y seguir respirando, pero no perdía el tiempo en “escribir listas interminables de propósitos inútiles”. Y septiembre sí, ese era su mes, la brisa otoñal tocaba la puerta y ella siempre se dejaba envolver por esa tan ansiada sensación de total renovación y sueños que perseguir.

Sin embargo, este septiembre deseó borrarlo del tiempo, creyó que no podría continuar con su vida. Manu, su mejor amigo, había muerto en un accidente de moto dos meses atrás. En unos días hubiera cumplido 36 años y Sara estaría preparando alguna sorpresa como había ido siendo habitual los últimos tres años. Se adoraban, y Sara sabía que él sentía por ella algo más que una amistad, tenía el presentimiento de que, en algún momento, él se lo confesaría, aunque conociéndolo le hubiera costado un mundo, porque era de los que temía abrir demasiado el corazón a riesgo de perder lo que más amaba. Pero Manu era valiente, era mucho Manu.

A muchos les hubiera parecido una locura, ¡eran tan distintos! Probablemente le hubieran dicho a Manu que ni se le ocurriera abrir la boca, que para qué romper una amistad tan fuerte, que mejor marcara un poco de distancia con ella para que se “desenganchara”, que se fijara en otras mujeres, que estaba equivocado, que una amistad de tanto tiempo seguro carecería de pasión, que si el panorama era demasiado negro o demasiado blanco, que si bla, bla, bla… Y Manu se hubiera reído interiormente porque al final no hubiera escuchado a nadie, y Sara… Sara le hubiera dicho que sí.

Se habían conocido en la universidad y desde entonces se habían vuelto inseparables. Manu estudió Filosofía y Letras, Sara se especializó en Biomedicina. Uno hablaba del lenguaje infinito de las estrellas mientras que la otra, trataba de traducir y cuestionarlo todo. A pesar de algunas diferencias, existía un respeto y una profunda admiración mutua por el conocimiento y la manera que tenía cada quien de entender la vida.

La vida. Sara dejó de encontrarle sentido a esa palabra, olvidó su propósito, cualquier sueño que albergara su triste corazón se desdibujó por completo, el brote de una ilusión  se quebraba al segundo, dejándose arrastrar hacia el más profundo de los abismos. Esos últimos meses se había pasado gran parte del tiempo encerrada en el pequeño mundo que constituían su casa y Luna, una pequeña Fox Terrier color negro. Había adelgazado casi seis quilos y el pelo se le caía con cada intento de cepillado.

No tenía lágrimas, había bloqueado toda emoción fuera positiva o negativa, no quería sentir, no quería llorar, ni mucho menos reír. Había decidido ignorar septiembre cancelando casi todos los compromisos sociales y laborales. Se lo podía permitir, pues trabajaba por proyectos en una empresa internacional y ella escogía tipo de trabajo y tiempos de entrega. Por lo demás, estaba harta de los discursos de “Ánimo, el tiempo lo cura todo”, “No puedes seguir así”, “Vamos, Sara, haz un esfuerzo”, “Manu no quisiera verte así”, “Salgamos aunque sea a dar una vuelta”… Sara aprendió a zanjar los juicios y las opiniones con un seco e iracundo “¡Déjame en paz!”.

Una fría tarde de sábado Sara salió a pasear a Luna, sintió el impulso de caminar hasta el muelle. Necesitaba respirar aire fresco. El mar siempre había sido su gran aliado en momentos bajos, Manu le había enseñado a observarlo bajo otra perspectiva. Recordó esa ocasión, fue en octubre del año pasado, cuando Manu la invitó a un improvisado picnic bajo el cielo del atardecer con fogata incluida. Justo ahí, en la playa más cercana al muelle.

El mar tiene magia, ¿no crees? dijo Manu.

Si tú lo dices… contestó Sara sin apartar la vista del libro que leía.

¿Oye, sabelotodo, no te genera curiosidad observar la naturaleza? Esconde increíbles mensajes dijo Manu entusiasmado, mientras respiraba la suave brisa marítima.

Está bien contestó Sara con fastidio, cerrando su libro—. Vamos, dime, ¿qué te dice el mar hoy?

Está bravo, mmm… Es una metáfora sobre las tribulaciones de la vida. Cuando los problemas llegan, lo hacen con toda la intensidad, ¿cierto? Igual que este oleaje, ¿lo ves?

contestó ella esbozando una media sonrisa—, es un modo de verlo, desde luego.

Sin embargo siguió Manu—, muy probablemente mañana el mar esté en calma. Digamos que se habrá llevado todos los problemas con él y el sol brillará de nuevo. Como la vida misma, que es tan cíclica…

Estás muy inspirado hoy, Manu. Deberías escribir sobre eso. 

La vida es una inspiración, el mar me dice que pase lo que pase no dejes de vivirla porque continuará.  Todo llega y todo pasa. Fluye… 

La vida es bella, es lo que quieres decir, ¿no?  —Sara se recostó sobre su toalla. Observó los cálidos colores del cielo. 

Exacto, siempre lo es, por el simple hecho de estar aquí. Y el mejor tributo que podemos hacer es aprovecharla al máximo, porque es un regalo, igual que tu amistad. Se acercó a Sara, le acarició una mejilla.

Se miraron fijamente unos segundos, hasta que Manu por fin rompió el silencio.

Prométeme que siempre tendrás el propósito de ser feliz. —Sus ojos tenían un brillo especial aquella tarde.

¿Y si no lo hago? —respondió Sara divertida.

Pues una parte de mí estará muy triste. Significará que no entendiste nada y que, además, eres una burra, ¡ja,ja,ja! contestó Manu arrojándole un trozo de manzana.    

—Lo prometo entonces, pero el único burro aquí eres tú, ¡menuda tontería filosófica traes hoy, señor Sócrates! Basta ya, déjame leer tranquila.

—¡Vas a ver lo que es bueno! —Manu  empezó a hacerle cosquillas.

El eco de aquellas risas parecía escucharse de nuevo, en ese sábado de septiembre donde Sara, por primera vez en varias semanas, dejó caer unas lágrimas. Aquel recuerdo la regresó de nuevo a una inusitada paz, a una sensación de calidez y protección.

La vida. La vida estaba ahí para ella, no estaba escrita en ningún calendario, no podía contenerse ni detenerse en una sola estación. Sara tenía que seguir, tenía que VIVIR, por Manu, y sobre todo por ella. Se valía gritar y estar triste, porque de eso se trataba, de sentirse viva, agitada, y luego tranquila, como el mar.

Manu supo exprimir todo el jugo de la vida que le fue dada, y le enseñó a Sara a permanecer atenta y a apreciar cada detalle por pequeño que fuera. Él, y ese amor que compartieron en silencio, vivirían tatuados por siempre en el alma de Sara. Su repentina muerte bien merecía ese homenaje.

La noche caía lentamente, Sara bajó a la playa, se quitó los zapatos, sus pies descalzos sintieron la arena fría y se estremeció. Luna corría hacia el agua, ajena al espectáculo que ofrecía el paisaje otoñal. Sara la observó, sonriendo. Contempló la tímida luz de las estrellas que buscaba asomarse entre los nubarrones. En aquel instante comenzó a comprender ese lenguaje del que Manu le habló tantas veces, el lenguaje del olor a la inminente lluvia, el lenguaje de esa vida que siempre se acaba manifestando, sin tregua, a pesar del viento gélido, a través de la espesa negrura.

© Nur C. Mallart

Para Salto al Reverso. Convocatoria Antología II. Tema “Vida”

 

 

 

 

Nocturno de escritora

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Louis Blythe (Unsplash)

 

Escribo. En esta noche cerrada a las musas la locura me protege, es mi fiel compañera, la soberana.  La tinta sangra para que no se detengan las palabras; el alma se envenena cuando no se derrama.

Escribo. No enmudezco esta voz, escapo a una muerte lenta y agónica, ¡que beba mi sed! Mi espíritu es una pluma al vuelo, que me desafía, me delata. Hoy escupe lo que soy y mañana me ama.

Escribo. La luna inventa otra luz en este cielo mío, teñido de letras y escarcha sin flor. Yo, sin mí, estallo sobre esta hoja en blanco ansiosa de vida, de muerte y de dolor. Y en la negrura de este aire que me habita sacudo la alegría, la tristeza y el placer.

Escribo. En medio de este silencio que lo llena todo yo me vacío, me entrego, me arranco esta piel y hiervo en el fuego eterno de la palabra, llama viva que alumbra y apaga un corazón abierto. Se quemará el papel,  no el sueño.

Escribo. Soy un animal escondido en la sombra que baila en la pared. Respiro su poder, lamo mis heridas y las abro otra vez. Es tiempo de vivir para escribir, de rendirse al poema o de morir.

© Nur C. Mallart

¡FELIZ 2017!

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Imagen: Unsplash.com / Morgan sessions

“En la vida hay que perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quienes se atreven“. Charles Chaplin

Estamos en la recta final de un año que, para muchos, habrá sido muy positivo, productivo y lleno de ilusiones que se habrán materializado. Sin embargo, en la otra cara de la luz, siguen habitando las sombras que todavía no se disiparon del todo, que parecen no querer abandonar un camino abrupto, espinoso, demasiado largo…

Estés donde estés, no pierdas el enfoque del lugar hacia el que te diriges. Y si no sabes hacia dónde ir, perfecto. Descansa. Haz un alto en el camino y trata de disfrutar de las cosas que te rodean bajo otra luz: la esperanza.

Quizá no desees estar donde estás pero, ¿has tratado de crear algo distinto aquí, donde estás ahora? Es posible que ese lugar esté lleno de posibilidades que te niegas a descubrir.

Respira… Respira. ¿Puedes hacerlo? ¡Felicidades! Entonces estás vivo y, mientras existas, puedes hacer algo más que quedarte de brazos cruzados esperando a que algo importante ocurra… ¿acaso algo más IMPORTANTE que tú? ¿Lo crees posible?

Tú eres único, una obra original, una voz auténtica que no necesita ser comparada con nadie ni mejorarse. Tú ya eres todo. Eres el camino, eres la luz y la sombra. Eres todo lo que sueñas y todo lo que amas. Estás completo.

Si todavía no lo hiciste, AGRADECE, deja de maldecir y quejarte por lo que no tienes, por lo que perdiste, por lo que has pasado. Alguien dijo una vez que “Aquello que perdemos regresa, pero transformado”. Suelta amorosamente el 2016, despídete sin juicios ni rencor, el dolor es parte de la vida y la vida SIGUE. Seguro que en medio de ese caos que atravesaste hubo muchos momentos luminosos y gente que, de TODO corazón, deseó ayudarte, ¿pudiste ver eso? ¿Sacaste lo positivo? Porque la oportunidad SIEMPRE estuvo ahí.

Si crees que el 2017 estará exento de dolor y/o dificultades, lamento decepcionarte… Ojalá hayas aprendido las lecciones de este valioso 2016 que estamos a punto de despedir, así podrás enfrentar con más fuerza y sabiduría lo que el nuevo año tenga para ti.  La decisión es tuya, ¡y una buena actitud siempre será tu mejor arma! Empieza cambiando la palabra “problemas” por “retos“. Mucho mejor, ¿verdad?

Nada nos pertenece en este mundo, ni siquiera lo que crees que conseguiste con tanto esfuerzo. TE FUE DADO, como la vida misma. Si aceptas esta Verdad, créeme, vivirás aprovechándolo todo y creyéndote realmente alguien muy amado y bendecido. Vivirás, dejarás de funcionar y creerte alguien que merece algo mejor… Posiblemente lo merezcas, pero ¿cuánto agradeces por lo que ya se te dio?

Que tu amor te encuentre… No te escondas de él porque ya vive en ti. No trates de matarlo porque es imposible. No pierdas esa luz, ese rumbo interior… Y si lo haces, que sea para arriesgarte a vivir alguna aventura en un bosque encantado, una selva misteriosa, un desierto, una playa, oasis, o en los brazos y los besos de quien todavía miras de lejos, por miedo… ¡Da ese paso! ¡Arriésgate! TODO ESTÁ A TU ALCANCE. ¡Debes creerlo para crearlo! Solo pierdes cuando renuncias por miedo a perder.

Y hablando de encontrarse, espero verte, que sigas ahí, siempre. Ya sea entre las letras o las miradas que compartimos, a través de la voz, del tiempo, de las nubes, del amor…

Espero verte tal como eres. Con esa luz que es tu vida, lo único que tienes entre manos, el resplandor que el mundo necesita que muestres. LA VIDA, lo único que viniste a compartir porque no es tuya. Fue un regalo.

¡FELIZ 2017!

© Nuria Caparrós Mallart