¡FELIZ 2017!

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Imagen: Unsplash.com / Morgan sessions

“En la vida hay que perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quienes se atreven“. Charles Chaplin

Estamos en la recta final de un año que, para muchos, habrá sido muy positivo, productivo y lleno de ilusiones que se habrán materializado. Sin embargo, en la otra cara de la luz, siguen habitando las sombras que todavía no se disiparon del todo, que parecen no querer abandonar un camino abrupto, espinoso, demasiado largo…

Estés donde estés, no pierdas el enfoque del lugar hacia el que te diriges. Y si no sabes hacia dónde ir, perfecto. Descansa. Haz un alto en el camino y trata de disfrutar de las cosas que te rodean bajo otra luz: la esperanza.

Quizá no desees estar donde estás pero, ¿has tratado de crear algo distinto aquí, donde estás ahora? Es posible que ese lugar esté lleno de posibilidades que te niegas a descubrir.

Respira… Respira. ¿Puedes hacerlo? ¡Felicidades! Entonces estás vivo y, mientras existas, puedes hacer algo más que quedarte de brazos cruzados esperando a que algo importante ocurra… ¿acaso algo más IMPORTANTE que tú? ¿Lo crees posible?

Tú eres único, una obra original, una voz auténtica que no necesita ser comparada con nadie ni mejorarse. Tú ya eres todo. Eres el camino, eres la luz y la sombra. Eres todo lo que sueñas y todo lo que amas. Estás completo.

Si todavía no lo hiciste, AGRADECE, deja de maldecir y quejarte por lo que no tienes, por lo que perdiste, por lo que has pasado. Alguien dijo una vez que “Aquello que perdemos regresa, pero transformado”. Suelta amorosamente el 2016, despídete sin juicios ni rencor, el dolor es parte de la vida y la vida SIGUE. Seguro que en medio de ese caos que atravesaste hubo muchos momentos luminosos y gente que, de TODO corazón, deseó ayudarte, ¿pudiste ver eso? ¿Sacaste lo positivo? Porque la oportunidad SIEMPRE estuvo ahí.

Si crees que el 2017 estará exento de dolor y/o dificultades, lamento decepcionarte… Ojalá hayas aprendido las lecciones de este valioso 2016 que estamos a punto de despedir, así podrás enfrentar con más fuerza y sabiduría lo que el nuevo año tenga para ti.  La decisión es tuya, ¡y una buena actitud siempre será tu mejor arma! Empieza cambiando la palabra “problemas” por “retos“. Mucho mejor, ¿verdad?

Nada nos pertenece en este mundo, ni siquiera lo que crees que conseguiste con tanto esfuerzo. TE FUE DADO, como la vida misma. Si aceptas esta Verdad, créeme, vivirás aprovechándolo todo y creyéndote realmente alguien muy amado y bendecido. Vivirás, dejarás de funcionar y creerte alguien que merece algo mejor… Posiblemente lo merezcas, pero ¿cuánto agradeces por lo que ya se te dio?

Que tu amor te encuentre… No te escondas de él porque ya vive en ti. No trates de matarlo porque es imposible. No pierdas esa luz, ese rumbo interior… Y si lo haces, que sea para arriesgarte a vivir alguna aventura en un bosque encantado, una selva misteriosa, un desierto, una playa, oasis, o en los brazos y los besos de quien todavía miras de lejos, por miedo… ¡Da ese paso! ¡Arriésgate! TODO ESTÁ A TU ALCANCE. ¡Debes creerlo para crearlo! Solo pierdes cuando renuncias por miedo a perder.

Y hablando de encontrarse, espero verte, que sigas ahí, siempre. Ya sea entre las letras o las miradas que compartimos, a través de la voz, del tiempo, de las nubes, del amor…

Espero verte tal como eres. Con esa luz que es tu vida, lo único que tienes entre manos, el resplandor que el mundo necesita que muestres. LA VIDA, lo único que viniste a compartir porque no es tuya. Fue un regalo.

¡FELIZ 2017!

© Nuria Caparrós Mallart

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¡Atrápalo!

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 Imagen: Unsplash.com/  Autor: Broke Cagle

 

Esta Navidad, no te olvides de compartir lo mejor que tienes: tu tiempo. Vive a conciencia cada momento especial rodeado de lo que realmente importa, tú y tu gente. No dejes que ese tiempo se escape perdiéndote los detalles, las miradas, los abrazos, las sonrisas… ¡Atrápalo con fuerza!

Feliz Navidad, querido escritor, blogger, seguidor… Y GRACIAS por estar siempre aquí, por compartir a través de los sueños que escribimos, leyéndonos, inspirándonos…

Seguimos caminando, juntos, de la mano.

¡Un fuerte abrazo!

© Nuria Caparrós Mallart

 

El gran viaje de tu vida

 

Amanda Cass

Imagen: Amanda Cass (http://amandacass.vc.net.nz/)

 

Estudié la carrera de Turismo por casualidad, o no. Si bien siempre he sido una persona de espíritu inquieto y he recorrido un camino (corto) con la sensación de que a mis espaldas  debía llevar siempre una mochila y en mi bolsillo un billete solo de ida, en realidad, valga la redundancia, nada más lejos de la realidad.

Sí, he disfrutado como enana conociendo gente de otros países, he viajado a bastantes lugares (faltan algunos más) y en ese sentido me considero una privilegiada porque hasta hoy, he hecho lo que me ha dado bastante la gana. Sé que formo parte de una minoría en un mundo cada vez más complicado y por qué no decirlo, jodido.

Viajar, ¡es un verbo maravilloso! Viajar… Cuando lo pronuncias parece que hasta adquiriste un poco más de libertad y sabiduría, hasta respiras mejor, ¿verdad? Viajar te da alas (olvídate del Redbull), viajar es  una búsqueda de ti mismo y el éxtasis final es el ansiado encuentro, frente a frente, como en un espejo, contigo. Pero y luego, ¿qué? Menuda decepción en el viaje de vuelta.

Resulta que fui al Tibet y encontré la paz interior en un templo budista a miles de kilómetros de la civilización, a años luz de mis problemas y de mis circunstancias, de mí… Pero cuando volví a mi casa entré en una crisis existencial del tamaño de mis problemas porque no me ubicaba. Mi entorno me parecía un fastidio (la familia especialmente) porque yo regresé iluminada y los demás seguían en sus aburridas rutinas, siempre con la misma gente, aguantando a sus respectivas parejas, llevando la carga de los hijos y las obligaciones diarias, transitando las mismas calles siempre en la misma dirección, hacia sus aburridas y grises oficinas que parecen peceras de agua estancada.

Es que yo era más sabia porque me fui al Tibet, y, ademas, atravesé una tormenta tropical en la selva chiapaneca, en plena oscuridad. ¡Eso no lo supera cualquiera, eh?!

También gocé de unos atardeceres espectaculares, los más bellos del mundo (según yo, claro) en África. Y qué te puedo decir de nadar entre delfines, los avistamientos de ballenas y ¡uff! eso de correr entre caballos salvajes en la patagonia, ¡ni te cuento! Pero lo mejor de todo, el Tibet. Regresé en un estado Nirvana tal que claro, ¡ahora ponte a aguantar a la panda de involucionados que no han vivido todo eso! Que siguen ahí, dormidos, en la inercia de una vida incomparable a la mía. Es que es imposible adaptarse a eso otra vez. Ahora soy más sabia… o eso me han hecho creer por ahí.

Pues nada, que voy a organizarme otro viaje. Esta vez al Polo Norte, quizá Santa Claus también me inspire y eso de ir en trineo ¡mola! Y ahora que nadie me escucha, lo digo bajito, tengo un amor en cada puerto. ¡Eso es lo mejor! Que sí, que sí, que no se trata solo de conquistar la cima del Everest, ¡hay otras maneras de ver mundo! Eso de tener pareja estable y ser feliz suena a película de Hollywood. Ya te digo, pura ficción.

Viajar es una experiencia maravillosa al alcance de pocos, que dirían algunos. No estoy de acuerdo. Todos tenemos la posibilidad de viajar, a lo grande.

Entre el bullicio de la vida y el parlamento incansable de nuestra mente, que nos retan día a día a luchar contra viento y marea igual que si de una tormenta tropical se tratara, está lo más importante: tu viaje interior… el silencio.

Los viajes de aventura son una pasada, especialmente para los apasionados en este tipo de actividades. Viajar, por el motivo que sea, en avión, tren, barco, o como mochilero en transporte más barato o haciendo autostop, nutre el alma, abre la mente, enriquece, sin duda, nuestra vida. Nos hace, efectivamente, más sabios, pero no más felices. Volvemos a la realidad y seguimos sin poder lidiar con lo más básico ni queriendo enfrentar lo más difícil.

Adonde vamos seguimos llevando un equipaje que, a veces, no es tan ligero como quisiéramos ni tan necesario como creímos. A veces es una piedra demasiado pesada porque creemos que vamos vacíos y desconectados de lo que nos hace daño, pero, aquello de lo que huimos, inevitablemente nos encontrará, más pronto que tarde.

Recuerdo con especial cariño a mi primer amor, un chico holandés. Aunque después tuve oportunidad de ir a Amsterdam para encontrarme con él, y tuve oportunidad de conocer la ciudad, me gustó. Pero nada comparable con haberle conocido a él antes, en mi tierra… Aprendí a leer sus ojos, sus gestos y me enamoré de su eterna sonrisa. Parecía no abandonarle nunca, pasara lo que pasara. Esa fue una de las primeras lecciones de mi vida, con tan solo dieciséis años supe que a veces, no hacía falta moverse para pasarlo en grande. Conmigo misma tenía suficiente. Con la gente que me rodeaba y que amaba, también.

Vinieron más lecciones después, y hoy, a mis 42 años sé que el viaje más importante de mi vida lo inicié el día que nací, incluso antes, en el vientre de mi bella madre.

No importa lo que he vivido, los lugares que he recorrido y lo que me haya llevado en cada ocasión. Me queda claro que lo más importante es el viaje dentro de mí, esa paz interior o esa tormenta, ese bello amanecer que cada día grita por salir o la noche más fría y oscura que pretende ganarme la batalla dependiendo del día. ¿A qué voy a darle poder? ¿Y tú?

Somos los héroes o las víctimas de nuestra propia vida. Depende de nosotros, no del lugar.

Mi vida cotidiana en México transcurre a través de mi actividad profesional dedicada a las letras (a mi amor por ellas), a la familia y a mis “viajes” moviéndome por la ciudad, que no se viste igual cada día. La veo distinta, y a sus gentes también. Es un gran viaje ir en transporte público o en taxi. Cada mirada, cada conversación, el recorrido, el destino, los encuentros y desencuentros representan una gran aventura para mí. Absorbo todo lo que me rodea y agradezco cada oportunidad que tengo por ver el nuevo día, aunque sea siempre desde el mismo lugar.

Mi suerte es que trabajo desde casa o desde el jardín. Me cuesta llamarle trabajo, se trata de mi vocación-pasión. Mi ordenador y el bello paisaje que se despliega ante la ventana de mi habitación o desde la sala comedor son mi oficina. Antes de que el día empiece, observo el bosque que tengo delante de mí con una humeante taza de café y agradezco a Dios ese instante, y en sus manos pongo todo lo demás. Porque me queda claro que no estoy aquí por casualidad. Se me entregó una vida digna de ser vivida donde lo más importante, aparte de vivirla amando, es verla sin necesidad de mirar, ni de ir demasiado lejos.

Cierra los ojos, respira, escucha tu corazón… Y a donde vayas, siempre con viaje de vuelta hacia ti. ¡Buen viaje!

 

© Nuria Caparrós Mallart

 

 

 

 

 

 

 

Queridos Reyes Magos

Pinterest

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Queridos Reyes Magos,

Este año quiero…

Una almohada que se ajuste a mis sueños y que pueda convertir en la alfombra que me permita volar.

Sábanas nuevas y siempre arrugadas, donde jugar, reír, dormir, llorar, amar… Ese lugar sagrado del que salir y al final del día, regresar.

Un llavero mágico que abra mil puertas hacia mis aciertos y mis fracasos. Caminaré sin miedo, porque en cada paso estará Dios dibujando el sendero.

Un libro de páginas en blanco con nuevos comienzos; agradeciendo lo viejo y abrazando toda la belleza del momento.

Una aventura apasionada con quien más me conoce y me ama, una historia de amor conmigo  misma.

Atravesar océanos, descubrir mares, dormir entre las nubes, tocar el cielo con las manos y los labios.

Una caja de música con el sonido de las olas y la armonía de cada amanecer.

El ruido de mis hijos con sus risas y sus “te quiero”, sus prisas y esas caricias tiernas en los desvelos.

Una maleta vacía para llenarla de libros y viajar a través de mundos, letras y vidas.

Ser la brisa fresca para el que llora de risa y el que muere de pena.

La mano del amigo que me mira a los ojos y me quiere de cerca.

Que la voz se escape de mi boca y quede atrapada para siempre en mi corazón.

Un premio al Amor, para que mi vida siempre le rinda homenaje.

Un mundo donde quepamos todos y no muera nadie.

 

© Nuria Caparrós Mallart

 

 

 

 

Cuatro estaciones en un día

El verano es la época que nos permite dar un salto a cierta distancia de nuestra rutina diaria. La rutina es una palabra asociada normalmente a ciertas pautas de comportamiento repetidas y al desarrollo de actividades que realizamos de manera regular. Habrá quien asocie la rutina al aburrimiento o a un ritmo de vida estancado. Sin embargo, todo depende siempre del cristal a través del que se mira. Nada en la vida es rutinario cuando eres capaz de ver la belleza incluso en las cosas más simples y cotidianas o cuando tienes la capacidad de sorprenderte por cualquier situación que regrese y que hayas vivido antes. A veces es cuestión de ver un poco más allá de lo que tenemos enfrente para descubrir un mundo de infinitas posibilidades. A veces, es bueno perderse unos días y apreciar la importancia de ese cambio repentino y, en mi caso, muy poco planeado.

Unos días junto al mar me han permitido ver con otros ojos lo que tenía delante y la vida que había dejado atrás: la pareja, la ciudad, el trabajo, las obligaciones y quehaceres diarios, ciertas relaciones, las pérdidas personales, mi hogar y en definitiva, la mujer que soy en medio de ese caos tan necesario. Por cierto que recordé las ganas que tengo de leer a Albert Espinosa en su última novela El mundo azul: ama tu caos.

En este mundo que compartimos hay tantas personas como maneras de vivir y entender la vida. La playa y las gentes que la habitan te enseñan que lo que para muchos es un modo de vida gratificante, relajado, aventurero y exótico, para otros es una experiencia asfixiante, aburrida, poco original y extremadamente relajante. Incluso se puede añorar la vida vieja de la que se huyó. Lo bueno de todo esto es comprender que no hay un solo modo de vivir ni de guiñar al destino. Hay personas que de todo hacen un drama y otras que convierten el drama en la mejor historia que podría vivirse.

Muchas veces nos ahogamos en problemas imaginarios y en circunstancias que asumimos que derivarán en una u otra manera atrayendo todo un manantial de tragedia a nuestra vida. Muchos deberían ganarse un óscar a la película mejor montada del año. Como sea, me doy cuenta de que la queja es un mal común en esta sociedad contemporánea, podría decirse que hasta un hábito y una excusa para dejar de hacer las cosas que realmente queremos o salir de la zona de “confort” en la que nos acomodamos. Es un confort ilusorio obviamente, porque nos pasamos la vida renegando de cómo estamos y de las cosas que nos pasan. Se trata de buscar un culpable siempre, un enemigo (o varios) que sea el causante único de todos nuestros problemas. “Adivina qué” susurra la vida, “tienes razón, hay un culpable, un enemigo real, el peor de todos, se llama tú”.

El mar es un gran maestro. Tuve la oportunidad de sumergirme en él con la radiante luna llena del 31 de julio iluminándolo. Ahí se quedaron todas las cosas que el mar sabía que ya no necesitaba y le pedí al universo que abriera el paso a los vientos de una vida nueva. Las olas rugían con fuerza pero eso no me impidió nadar entre ellas y fluir, fluir a pesar de todo, confiar y seguir. Seguir y escribir, compartir…

La naturaleza es sabia y es un regalo al alcance de todos. El mejor tributo que podemos ofrecerle es disfrutarla, con respeto y amor, con delicadeza. Ese tributo va de vuelta así que disfrútate, ámate con respeto, con delicadeza.

Nuestra madre tierra tiene mucho que mostrarnos y siempre nos da, a manos llenas. Es una oportunidad para creer que esta vida, la de hoy, la de ahora, la tuya, es la mejor que pudieras tener. Nos enseña sobre el arte de la paciencia, la magia y sobre ponerle alegría y entusiasmo a las cosas que hagamos. Nos invita a querer ser mejores, a fijar la vista en los demás de vez en cuando y a agradecer a la vida su presencia en las nuestras. No hay nada diseñado ni creado al azar, tú tampoco. Mientras respires, vive, no te canses de hacerlo. Aunque el verano te queme las alas o el frío invierno te hiele las ganas. Reposa en la brisa fresca de otoño, florece en primavera… Cuatro estaciones en un día, pero solo una vida.

 

© Nuria Caparrós Mallart

El arte de la escritura feliz

Imagen: Pinterest

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“Entre la literatura y la vida hay semejanzas felices. Se da un paso, y otro, y otro más, y así sucesivamente hasta darle la vuelta al mundo y regresar al punto de partida. Del mismo modo se escribe una palabra, y otra, y otra más, y así sucesivamente hasta terminar un libro, que es quedarse exactamente en cero, es decir, en el mismo punto en el que ese libro se originó. Porque el escritor ignora lo que ha hecho. De ahí que en la escritura, como en la vida, lo importante, lo verdaderamente importante, es el viaje”.

52 tips para escribir claro y entendible, de Eusebio Ruvalcaba

UNA MIRADA DESDE EL CIELO

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Ya aterrizamos en la deseada Navidad para muchos, y tan temida para otros. Esta época la llenamos con la misma ilusión con la que abrimos un regalo o esperamos la llegada de un hijo, de alguien especial, lejano o cada vez más cercano.

Sin embargo, a todos nos atrapa alguna vez la Navidad de las ausencias. Ese vacío que no llenamos ni con la copa del vino más exquisito ni con un manjar que saboreemos por días, ni siquiera con la cálida misiva de un amigo. La ausencia nos conecta con el dolor, el desconsuelo, la nostalgia, la desesperación por no tener a la persona amada, soñada o deseada.

Cuando la muerte nos arrebata a un ser querido, aquella silla vacía o el silencio de aquella llamada donde se apagó para siempre una voz, devora las entrañas hasta hacerse insoportable vivir o incluso desear lo que tan comúnmente se escucha en estas fechas: “Quisiera dormirme y despertar en enero.”

En esta víspera de la nochebuena, tan distinta para mí a las demás, pensé en los que partieron, no me atrevo a decir que no están. Imagino que iniciaron “su gran viaje” y desde allí deben estar pendientes de cómo nos sentimos, qué hacemos, cuál es el mensaje que atesoramos con sus vidas y si con este amargo adiós, lograron enseñarnos algo. Hoy pienso muy especialmente en mi padre, mis abuelos y un entrañable amigo, y trato de observarlo todo desde el cielo que comparten.

Esa mirada fija al infinito, me ha permitido agradecerles profundamente su paso por mi vida. Me sentí aliviada de que pudieran estar juntos, porque en vida, también sufrieron cuando cuando sus seres más queridos partían. Y hoy, un homenaje hacia ellos es brindarles mi alegría, porque quisieron vivir, supieron amar, aprendieron a dar más que a recibir y en mi corazón latirá por siempre el suyo. Porque cada paso que doy y cada acierto, es un logro que también les corresponde. Porque desde su limpia mirada hacia la nuestra, ellos continúan ofreciéndonos su amor y su guía.

Por supuesto que llorarlos es bueno, pero no demasiado tiempo… Extrañarlos es sano, pero no porque los sintamos tan lejanos. Si muriera hoy, quisiera ver a los míos felices el resto de sus vidas, aprovechando cada instante y llevando un poco de mi luz en sus caminos. Si muriera hoy, no podría más que enviarles dosis de alegría y motivos para sonreír, para que nunca les faltaran las ganas de seguir, el ansia de VIVIR.

Siento la inspiración de quienes nos dejaron esas sillas vacías pero el corazón tan lleno. Es un compromiso seguir haciéndolos reír tal como ellos lo hicieron cuando vivían, es necesario decirles cuán agradecidos estamos, cuanto los amamos y que por eso, esta Navidad y las que sigan, brindaremos, lloraremos, reiremos y elevaremos nuestras copas y nuestra mirada al cielo. El Universo es sabio y poderoso, y nunca perdemos sin recibir muchos de sus mágicos instantes. Uno es aquel donde podremos verlos con los ojos del alma y su amante corazón, nos tocaremos…

¡MUY FELIZ NAVIDAD! para ti que me lees, que amas, que sientes, que vives… Y muy especialmente para quien se te fue por un tiempo de tu vida pero jamás de ti.

 ©Nuria Caparrós Mallart

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