SUSURROS DEL ALMA

HITOS Y MEMORIAS

“Polvo eres y en polvo te convertirás” es la sentencia que mantiene al ser humano en un letargo casi infinito. Demasiado poco para mi, ese polvo no soy yo, si acaso sólo el reducto de mi coraza, no de mi alma.

Pasan los días sucediéndose uno tras otro como si nada extraordinario ocurriera. Nos mantenemos atentos a todo lo que es externo creyendo que todo lo que podemos ver y tocar es la única realidad existente, la gran verdad, lo exacto, lo siempre perecedero a pesar del cambio constante en el cuerpo y las horas.

Deseamos retener cada momento como si nos perteneciera, no somos nada ni poseemos nada. Todo es absolutamente relativo, hay libertad en el aire pero apenas nadie la sabe respirar porque deberemos soltarla después.

Vivimos atados al reloj, a los recuerdos, a la memoria de todo aquello que fue más extraordinario que ahora. Imaginamos regresar a unos tiempos engañosamente mejores, ¿mejores a qué? ¿para quién? Y así nos convertimos en esclavos de nosotros mismos, inmersos en añoranzas inútiles y sueños que jamás existieron o que se desvanecieron en una falaz y efímera fantasía.

Inmemoriam reza ya en la losa que nos cubra un inevitable día. Pero ahí no acabará todo pues nos aniquilamos mucho antes deseando ser lo que nunca fuimos, huyendo del riesgo, cabando hoyos de amargura por no enfrentar nuestros miedos, dejando de ser auténticos y fieles a la esencia que nos habita divinamente.

¿Quién podría mantener vivo nuestro recuerdo cuándo ni siquiera supimos vivir? Fantasmas de la propia oscuridad, jamás supimos vernos en un espejo, no soportamos descubrir la verdad de esa temida imagen.

El hito es la muerte en sí, la liberación, el descanso o la condena eternos. Nuestra entrega a la dama negra es un destino sorpresivo y seguro, inquietante, teñido (sólo en la mente) de misterio y penumbras pero una oportunidad para vivir y saborear intensamentecada segundo sin preguntas, ni dudas, sin prisas, claro, en el alma.

Sólo cuando permanecimos ahí atentos, creativos, con los ojos bien abiertos todo estuvo perfecto como fue, no hubo lucha, ni juicios, ni lamentos.

Se vive lo que se es y se tiene, se goza, se comparte, se participa, se relaja uno en el mágico fluir de las circunstancias, cada una encierra infinitas posibilidades, de crecer, inventar y elegir.

No hay más trampas que aquellas que cada quien dibuja en su alma encadenándola por siempre al infierno. Las mentiras que cada uno escoge y crea para no arriesgarse demasiado, para estar más cómodo y sentirse menos libre.

La libertad implica experimentar dolor y angustia por ser uno mismo pero también ser valiente y exitoso como el incansable guerrero de luz del que habló Paulo Coelho, aquel que encuentra su destino porque es maestro de él. Ahí sigue permaneciendo el hito, el fin, el éxito, el edén, la hermosa y feliz eternidad que todos guardamos dentro.

Descanse en paz. El único epitafio que quiero imaginar: “Aquí la vida está pasando”.

© Nuria Caparrós Mallart

Registrado en Safe Creative