2 DE ABRIL DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL

“Hablamos idiomas diferentes y venimos de diferentes orígenes, sin embargo compartimos las mismas historias”

Historias del mundo… cuentos tradicionales.

Es la misma historia para todos nosotros.

En diferentes voces.

En diferentes colores.

Pero sigue siendo la misma…

Principio…

Argumento…

Y final …

Es la misma historia que todos conocemos y amamos.

Todos la escuchamos

en diferentes versiones y por diferentes voces.

Sin embargo, siempre es la misma.

Hay un héroe… una princesa… y un villano.

No importa su idioma o sus nombres

Ni sus rostros.

Siempre es la misma.

Principio,

argumento

y final.

Siempre ese héroe… esa princesa y ese villano.

Sin cambios a través de los siglos

nos acompañan.

Nos susurran en nuestros sueños,

nos mecen para dormir

Sus voces desaparecieron hace tiempo.

Pero viven en nuestros corazones para siempre

porque nos unen en una tierra de misterio e imaginación.

Porque todas las diferentes culturas se funden en una Historia.

Escrito por: Marwa Al Aqroubi

VIVIENDO EN LAS NUBES

Os comparto un enlace donde podréis ver el nacimiento del cuento infantil “Viviendo en las nubes”, publicado por Creatividad en las Letras. Un viaje mágico a través de la lactancia y la maternidad consciente. He tenido la oportunidad de participar como escritora en este bello proyecto, todo gracias a Delia Serrano Moirón.

http://unetereddeferiasycreatividadenlasletras.wordpress.com/2014/12/03/nueva-publicacion-de-la-editorial-viviendo-en-las-nubes-libro-infantil-juvenil/

©Nuria Caparrós Mallart

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EL VIAJE DE NANA

 

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A través de la ventana de la habitación la pequeña Nana contemplaba la suave y lenta danza de los árboles. Era una tarde gris y soplaba una fresca ventisca otoñal.

“Qué fastidio” pensó, “otra tarde sin poder salir al parque”.

Simi, su perrito, un pequeño Foxterrier blanco, movía ansioso la cola.

–          Lo siento Simi- dijo Nana acariciándole- hoy tendrás que quedarte en casa.

–          ¡Guau!

–          No amiguito, hoy no….- se lamentó Nana observando los destellos de un cielo cada vez más amenazador.

Simi, resignado, se recostó en su cesta.

Nana tenía 9 años y lo que más le gustaba en el mundo era dibujar. Las paredes de su habitación eran un gran mural multicolor de curiosas imágenes. A menudo dibujaba muchas de las cosas que soñaba mientras dormía: Escaleras que llevaban a un arcoíris, barcos que surcaban los cielos, hadas y duendes, nubes de chocolate y algodón, lluvia de caramelos, pájaros que hacían sus nidos bajo el mar, peces que volaban, elefantes en bicicleta, dragones mágicos, niños gigantes y papás y mamás diminutos.

Pero Nana casi nunca se dibujaba a sí misma. En el único autorretrato que colgaba junto a la cama aparecía diferente. Era el dibujo de una niña pirata llamada Bella.

“Hijita, eres una niña hermosa”, le decía siempre su mamá.

Tenía una media melena pelirroja que llevaba siempre recogida con dos coletas. Era de piel muy blanca y nariz chata. Sus pequeños ojos color miel brillaban y sus mejillas siempre estaban sonrosadas. Sin embargo, a Nana le hubiera gustado tener los ojos más grandes, ser mucho más alta y que su piel no fuera tan pálida. En la escuela, algunos niños la llamaban “cara de leche” y eso la ponía muy triste.

Además, Nana evitaba verse en los espejos. Ella prefería imaginar que era otra.

–          Simi ven aquí, ¡voy a dibujarte!- dijo Nana entusiasmada.

El perrito protestó con un ladrido, parecía estar muy cómodo en su cesto.

–          Anda ven, tendrás tu premio- dijo Nana tratando de convencerlo, pero Simi parecía tener más ganas de dormir.

–          Está bien, te dibujaré así como estás…

Se sentó en su escritorio y empezó a trazar las primeras líneas del retrato.

De repente escuchó que alguien la llamaba:

–          Hola Nana, ¿qué dibujas?-

Nana miró a un lado y a otro del escritorio pero no vio a nadie.

–          Aquí Nana, ¿no me ves?

Simi ladró alterado, saltó de su cesto.

–          ¿Quién me habla?- preguntó Nana levantándose de la silla.

–          Aquí, ¡en la pared!-

De repente vio una gran luz junto a su cama, no podía creer lo que estaba viendo.

–          ¡Por fin! Es imposible que no sepas quien te habla, tú me creaste.

–          Pero ¿cómo…?- dijo Nana abriendo los ojos como platos.

–          Soy yo, Bella, bueno, en realidad soy tú ¿no? – carraspeó un poco- Bueno en fin, ¡qué lio!

Bella era una linda pirata de largas trenzas negras y grandes ojos azules. Llevaba un pañuelo rojo en el cabello y unas brillantes botas negras.

–          Pero ¿cómo puedes hablar y… moverte?- preguntó Nana sorprendida.

–          No perdamos tiempo con preguntas tontas, ¿vienes o no?-

–          Ir… ¿pero a dónde?- preguntó Nana.

–          Más preguntas, qué pesada. Oye, puedes llevar a Simi si quieres- contestó Bella.

–          ¡Guau!

–          ¿Lo ves Nana? Los animales no son tan complicados- dijo Bella sonriendo.

–          No voy a ir a ningún lado- protestó Nana.

Bella resopló.

–          Está bien, entonces ¿vienes tú Simi?-

El perrito saltó a la cama y Bella alargó sus brazos para agarrarlo.

–          ¡Espera! ¡No! – gritó Nana.

–          ¿Qué te pasa?- preguntó Bella.

–          No te lleves a Simi-

–          Pero es él que quiere venir…

Simi saltó hacia el dibujo y desapareció a través de él.

Nana se llevó las manos a la cara. Bella la tranquilizó.

–          No te preocupes, estará bien… Volverá pronto.

Bella hizo el gesto de irse detrás de Simi.

–          ¡Espera! Quiero ir con él.

–          Ay… – dijo Bella moviendo su cabeza – Humanos, ahora no, ahora sí…. ¡Nunca saben qué quieren!

Nana subió a la cama. Bella le tendió la mano y ayudó a Nana a atravesar el dibujo.

Del otro lado apareció un hermoso valle verde repleto de flores y dulces aromas. Simi corría detrás de lo que parecía una mariposa con cabeza de jirafa.

–          Es una jiraflor- explicó Bella.

–          Sí…. Dibujé algunas para la obra de teatro de la escuela- dijo Nana maravillada- Pero, ¿qué es este lugar?

–          Dímelo tú, ¿no recuerdas haber estado antes?

Nana miró a su alrededor. Bajo la aparente normalidad de un paisaje primaveral, empezó a percibir detalles un poco extraños. Los árboles no tenían hojas sino recortes de papel con diferentes formas, dibujos y letras; las nubes eran de algodón de chocolate y de ellas colgaban unas marionetas que lanzaban una especie de polvillo de colores, entre toda esa lluvia de color volaban peces…

“Mmmmm” pensó Nana, “qué bien huele”.

–          Ese polvillo es mágico y hace que todo huela a vainilla, fresa y chocolate- dijo Bella.

–          Yo he soñado esas cosas…

–          Así es Nana, y en este mundo tan bello vive todo lo que tú sueñas.

–          Entonces, ¿todo lo que dibujo está aquí?

–          ¡Pues claro! ¿A que es muy  bonito? Por cierto ¿quieres ver a los dragones del Lago?

–          ¿Mis tres dragones mágicos?- preguntó Nana.

–          Sí, son muy simpáticos y son los guardianes del agua. ¡Vamos!

Nana llamó a Simi que siguió a las muchachas entusiasmado.

De repente se escuchó una bocina “Mec mec… Mec meeec, meeeeeeeeeec”

-¡Cuidado Nana sal del camino!- gritó Bella agarrando con fuerza a Nana de un brazo.

– ¡¡Apartaros niñas!! ¿Es que no veis?

Un mono que conducía una nave espacial casi las arrolló.

–          Tengo prisa, tengo prisa!- gritaba mientras desaparecía desviándose entre unos matorrales del sendero.

A su paso levantó una gran polvareda.

–          Pero ¿qué le pasa? Casi nos atropella- dijo Nana sacudiéndose el vestido.

Simi corría en la misma dirección hacia la que desapareció el mono.

–          ¡Simi ven aquí!- gritó Nana

–          Ese era Bacho, el mono cartero. Es el encargado de repartir y recoger las cartas Ilusión, siempre tiene prisa.

–          ¿Cartas ilusión?- preguntó Nana con curiosidad.

–          Sí, todos los sueños e ilusiones de los niños llegan aquí. Bacho se encarga de recogerlas y darles respuesta. Por eso estás aquí.

–          Pero yo no tengo ilusiones ni sueños- dijo Nana.

–          ¡Claro que sí! Todo el mundo los tiene. Tu ilusión es ser como yo ¿no?

–          Bueno… sí, supongo- dijo Nana frunciendo el ceño.

–          En tu caso dibujaste la ilusión y por eso vine a buscarte.

–          Entonces ¿qué se hace con esos sueños e ilusiones?

–          Pues hacerlos realidad- contestó Bella sonriendo- Voy a enseñarte como ser yo.

–          Pero tú eres un dibujo…- dijo Nana tímidamente.

–          Soy mucho más que eso, ¡soy pirata! Soy todo lo que tú imaginas ser.

Nana se quedó pensativa.

–          Bella… ¿Por qué tengo que ser un dibujo? – preguntó confundida- Dejaría de ver a mis padres y a mis amigos, a Simi…

–          Bueno, eso no es tan malo, mírame a mí y a este lugar, todo es mágico y especial. Te encantará vivir aquí. Simi sabrá cómo encontrarte.

Bella la tomó de la mano y empezaron a correr. Simi las esperaba en la mitad del sendero.

–          ¡Corre Nana! Debemos llegar al Lago antes de que anochezca.

Los tres dragones parecían no estar allí. Había mucha quietud.

–          ¿Se fueron?- preguntó Nana.

–          No,  espera y verás – dijo Bella haciendo un guiño.

En este instante empezaron a moverse las aguas y sonó una bella melodía. Era un suave cántico que casi hipnotizaba.

–          Oooh, ¡qué increíble!- exclamó Nana.

Unas pequeñas hadas azules rodearon el lago y lanzaron unas flechas cuya punta era una flor. Eran ellas las que cantaban. Las flechas flor impactaban en el agua que empezó a abrirse y del espacio entre dos aguas salieron los tres Dragones escupiendo una lengua de burbujas de jabón y estrellas.

–          ¡Esto es maravilloso!- exclamó Nana.

Bella la miró sonriendo.

Los tres dragones hicieron una gran reverencia a las niñas. El dragón más grande y barrigón dijo:

–          Bienvenidas pequeñas. ¿Quién es tu amiguita, Bella?

–          Ella es Nana, la invité a pasar el día conmigo.

–          Encantada- dijo  Nana tímidamente.

–          Igualmente querida, yo soy Valor… Ellas son Fuerza y nuestra hijita Corazón.

–          ¡Guau! ¡guau!

–          Perdón, él es Simi…- dijo Nana.

La pequeña Corazón se acercó a Simi y este dio un paso atrás.

–          No te asustes Simi, es una dragoncita muy buena, sólo siente curiosidad- dijo Fuerza.

Simi y Corazón empezaron a jugar alrededor del lago.

–          ¿Por qué cuidáis el Lago? ¿Hay peligros?- preguntó Nana.

Fuerza soltó una carcajada y las dos niñas cayeron al suelo por la fuerte bocanada de aire que se produjo.

–          Perdón, perdón… No controlo mi risa todavía- dijo Fuerza.

Las niñas se miraron divertidas.

–          En este lugar mi querida Nana, no hay peligro ninguno. Todos cuidamos de todos.

–          Entonces ¿por qué deben estar siempre aquí?- preguntó Nana con curiosidad.

–          Bueno, es nuestra casa y debemos mantenerla siempre en paz. En este lago viven otras criaturas, las hadas por ejemplo, y nosotros, como somos más grandes las protegemos porque algunas son muy traviesas jejejejeje

Nana las observó un instante. La mayoría estaban revoloteando alrededor de Simi y otras trataban de estirarle las orejas.

–          ¿Lo ves?- siguió Fuerza- Son algo tremendas pero tienen un gran corazón y además, siempre nos avisan cuando llegan visitantes, como tú.

–          Fue un precioso recibimiento- dijo Nana- ¡Cantan muy bien!

–          Así es Nana- dijo Valor el Dragón- Y cuéntame, ¿vosotras de qué os conocéis?

–          Bueno pues…. Nana en realidad soy yo… Nos conocemos desde hace mucho tiempo ¿verdad?- dijo Bella.

Fuerza y Valor intercambiaron miradas.

–          Veréis, Bella es mi autorretrato y me invitó a venir a aquí- explicó Nana.

–          ¿Tu autorretrato? ¿Cómo? Vosotras no os parecéis en nada- dijo Fuerza.

–          En realidad no…- dijo Nana cabizbaja.

–          Pero ¡claro que sí! Somos igualitas- dijo Bella abrazando a Nana por el hombro.

–          Acercaros a la orilla del Lago- dijo Valor.

–          ¿Para qué?- dijo Bella.

–          Quiero que veáis algo.

Las dos niñas se acercaron a  la orilla y se agacharon.  Bella se contempló en el agua.

–          Mírate Nana, ¡es divertido!- le dijo Bella.

–          No quiero- dijo Nana algo molesta.

La pequeña Corazón se acercó por detrás y empujó un poquito a Nana. En ese pequeño impulso la niña perdió un poco el equilibrio y se inclinó poniendo sus manos en la orilla, no pudo evitar reflejarse en el agua.

–          ¿Qué ves?- le dijo la dragoncita Corazón.

–          Veo, veo…- Nana parecía confundida- Qué extraño, algo pasa en el agua.

–          ¿Por qué pequeña?- preguntó Fuerza con una media sonrisa.

–          Ese reflejo no soy yo… Es Bella.

–          Ah, es eso… Entonces ¿no te gusta lo que ves?- le preguntó Valor el Dragón.

–          Sí claro, Bella es muy bonita, pero… no soy yo.

–          Claro que Bella es bonita, ¿viste también su reflejo?- le preguntó Corazón.

–          Sí…- dijo Nana sonrojándose- su reflejo soy yo.

–          Así que también te gusta lo que refleja Bella- dijo Valor sonriendo a la niña.

Nana se sonrojó.

–          ¿Entiendes lo especial que eres Nana?- le preguntó Fuerza- Interiormente eres tan bonita como te dibujaste y aquí en el lago llegaste a ver todo lo bueno de ti misma. Toda la belleza que tienes.

Nana se levantó y abrazó a Bella, las dos niñas miraron de nuevo al agua felices de contemplarse cada una en la otra.

–          Nunca os olvidaré- dijo Nana dirigiéndose a los Tres Dragones.

–          Lo sabemos pequeña, vivimos en ti, tú nos creaste: Recuerda siempre el valor, la fuerza y el gran corazón que tienes. Son el gran tesoro interior que se ve allá fuera.

Se hacía tarde.

–          ¡Te echaré de menos Bella!

–          Y yo a ti querida, pero sabes que siempre voy contigo.

Las niñas se fundieron en un abrazo.

–          Vamos sube a este árbol, en él encontrarás el camino de vuelta.

Nana subió por unas escaleras que llevaban a lo alto del árbol. Se detuvo un momento.

–          Oye Bella, ¿por qué cuelgan todos esos papeles de los árboles? No hay hojas-

–          Son árboles de los deseos,- explicó Bella- en esos recortes de papel están escritos o dibujados los sueños de muchos niños. Los duendes del valle, que viven en el tronco de cada árbol, son los encargados de cuidarlos y hacerlos crecer para que florezcan en primavera.

–          ¿Saldrán flores?- preguntó Nana.

–          Sí, cada papel será una flor y un deseo cumplido. Ya pronto florecerán los tuyos.

En la copa del árbol Nana vio un gran tobogán. Colocó a Simi entre sus piernas y se deslizó:

–          Uuuuuuuuuuuuuuuuuuau!!!!!!!!!!!!- gritó Nana

Había anochecido cuando Nana despertó de su sueño. Escuchó la voz de su mamá:

–          Cariño baja a cenar.

–          ¡Sí mami, dame un segundo!

La pequeña miró a su alrededor, Simi estaba a los pies de la cama observándola.

–          ¿Sabes qué pienso Simi? Que esta habitación necesita un espejo.

El dibujo de Bella seguía en la pared. Lo descolgó y lo miró un segundo.

–          Gracias por todo Bella.

Guardó el dibujo en un cajón y en el espacio vacío de la pared colgó un espejito.

–          ¿Qué te parece Simi? En este reflejo siempre viviremos las dos,  como en el Lago.

 

                                                                                                  ©Nuria Caparrós Mallart

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LUNA Y LA BRUJA

Photo credit: Rinoninha / Foter.com / CC BY-NC-ND
Photo credit: Rinoninha / Foter.com / CC BY-NC-ND

Decidió visitar a la bruja. Era una tarde otoñal en la Ciudad Perdida. Los rayos de sol asomaban entre las hojas de los árboles y Luna, bañada en lágrimas, apresuró su paso envuelta en un abrigo de lana granate y un gorro blanco de terciopelo rumbo a su inquietante destino.

Le hablaron de aquella extraña mujer que vivía en una casa apartada de la ciudad, hecha de barro. Rodeada de gatos y alguna serpiente. Que comía raíces de los árboles y bebía extrañas pociones con las que conseguía convertirse en animal o insecto para camuflarse entre los humanos.

Decían que era capaz de volverse invisible y entrar en las casas de noche. Luna sentía que resolvería su vida y hasta aprendería el oficio de bruja.

Recorrió el Parque de las Hadas. El sonido burbujeante de las fuentes refrescó por un momento su ánimo. Tenía 12 años y Luna ya conocía el dolor. Con 6 años perdió a Nica, su tortuga, que quedó malherida cuando la arrolló la bicicleta de su hermano pequeño y se rompió el caparazón, duró dos días. Fue una tragedia que la mantuvo muda casi un año.

Lo siguiente ocurrió hacia poco más de dos meses, cuando falleció su abuelita materna. Se durmió en sus brazos y no despertó. Luna lloró todas las mañanas y todas las noches de todos los días y todas las semanas. Lloraba cuando reía y hasta lloraba dormida. Los médicos no sabían qué hacer ni a dónde llevarla. La visitaron científicos, curanderos, terapeutas y sabios ancianos de recónditos lugares del globo.

Se adentró al Bosque de los Sueños. Las flores silvestres desprendían un dulce aroma. Se sintió tiernamente acompañada. Sacó otro pañuelo de papel tratando de secar, inútilmente, sus lágrimas.

Atravesó el Puente de los Valientes logrando así cruzar el río. Los primeros destellos del atardecer cubrían el cielo. Se apreciaba una tímida estrella y bajo ella la luz de una casa.

“La bruja” pensó Luna. Las lágrimas dejaban un rastro húmedo en la hierba y cada huella se convertía en un pequeño jardín.

Llegó a una verja de madera cubierta de enredaderas. Estaba abierta. Dudó un instante. Contempló un pequeño jardín iluminado. La suave brisa provocó el tintineo de un atrapa sueños en la entrada de la casa. De repente la puerta se abrió:

– Bienvenida, no temas.

Del interior de la casa apareció una joven de figura elegante,  de larga cabellera y vestido negros. Era bellísima. Sus ojos brillaban y sus labios esbozaron una amable sonrisa.

– Empezará a hacer frio- dijo mirando al cielo – El Viento Plateado es casi gélido. Entra.

Luna se acercó al porche de la casa, aquella mujer parecía un ángel. La invitó a sentarse en un amplio y cómodo sofá color verde manzana. Un pequeño gato blanco se acurrucó junto a Luna.

– Le caíste bien- dijo la bruja sonriendo – ¿un té?

– Sí, gracias.

La mujer desapareció. Luna observó la sala. Olía a lavanda y era un espacio limpio, con muebles de madera claros y paredes y cortinas blancas.

– ¿Te gusta mi casa?- dijo la mujer sobresaltando a Luna.

–  Mucho- respondió tímidamente.

Le acercó la humeante taza de té, un bocadillo y unos pañuelos. Se sentó frente a ella. El gato blanco saltó a sus faldas maullando.

– Se llama Neblina ¿y tú?

– Luna – contestó con un hilo de voz.

– Precioso nombre. Yo soy Tara. Deseas dejar de llorar ¿cierto?

Luna sintió alivio.

– Así es…- contestó la niña.

– ¿Qué sabes de mí?- preguntó Tara impaciente.

Luna sorbió un poco de té.

– Eres bruja – dijo casi sin respirar.

– ¿Bruja? – Tara rió divertida.

– Eso dicen- contestó Luna apenada.

–  Escucha, parece una palabra fea pero no lo es.  Soy una bruja blanca.

– ¿Blanca?- preguntó Luna observando su cabello y vestido negros.

–  Bien pequeña, eso quiere decir que mi magia es blanca, es… buena- explicó Tara.

Luna sonrió.

– Será muy sencillo ayudarte- prosiguió Tara.

–  Pero nadie supo curarme- dijo Luna con tristeza.

–  Bueno eso es porque nadie mejor que tú sabe lo que te pasa- le dijo apartándole un mechón de la cara.

–  ¿En serio?- preguntó Luna incrédula.

–  ¿Cuándo empezaste a llorar?

El rostro de Luna palideció.

– Desde que murió mi abuelita- tragó saliva- ella…

Tara se arrodilló delante de ella y le tomó las manos. Las lágrimas de Luna brotaron con más fuerza. Neblina saltó de nuevo al lado de Luna, lamió su cara. La niña estalló en un manantial incesante de lágrimas y sus ojos acabaron secándose de repente.

–  ¿Pero qué pasa? ¡ya no lloro!- gritó Luna emocionada.

–  Nadie se preocupó de preguntarte qué sentías acerca de las cosas que te entristecían. Te escuché y estás en paz cariño.

Se abrazaron fuerte.

–  Cruzaste la ciudad para llegar a mí  y te encontraste a ti. ¡Qué niña tan valiente!

Luna regresó a casa sabiendo que ya era una bruja blanca, finalmente descubrió su propia magia.

 

©Nuria Caparrós Mallart

 

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