HOY MIÉRCOLES EN “HISTORIAS CON CORAZÓN”…

… Tenemos una vez más el latido de Tere Matas con un precioso relato que nos comparte:

 

Un latido inigualable

De camino a casa, sus ojos distinguieron a un hombre de entre el resto del mundo, como si éstos dispusieran de un programa que detectara a personas a partir de una fotografía mental. Se detuvo y, tras la duda inicial, Lidia enseguida tuvo la certeza: era él. Había imaginado aquel momento millones de  veces y de infinitas maneras. Ninguna había sido como la que estaba viviendo, por supuesto. Todavía incrédula, se fue acercando manteniendo una distancia prudencial mientras lo veía hablar amigablemente con otro hombre. Aquellos ojos almendrados, aquel pelo rojizo, aquella sonrisa cálida y contagiosa.. Al tiempo que se fue convenciendo, sus ojos empezaron a brillar y su corazón empezó una melodía que ya conocía. Ese latido, ese latido único, era el ocasionado por él. Porque cada persona ocasiona un pálpito único e inigualable en los corazones, como una huella dactilar o como la composición de una canción. Y ese pálpito inigualable desencadenaba una serie de reacciones igual de inigualables. A Lidia, aquella canción que entonaba en aquellos momentos su corazón, le traía dulces recuerdos que la hacían sonreír como si se encontrara bajo un hechizo. Sus ojos reflejaban una expresión intensa. Sólo ella sabía lo que estaba evocando.

Observó atenta todos aquellos gestos que ya conocía. Los dos amigos se despidieron  con un  toque de mano en la espalda. A continuación, él se dirigió a ella. Lidia casi palidece. Empezó a temblarle la boca. Cuando él la sonrió, su corazón desbocado latía tan fuerte que llegó a pensar que él podía oír aquel alegre retumbar.

Y entonces, se encontró inundada por una lluvia para sus sentidos: él se agachó, su aroma, su pelo, recogió la bolsa, se la entregó, su mano tocando la suya, “Se le ha caído”, su voz acariciando sus oídos, su mirada erizándole la piel, su sonrisa quebrándola por la mitad. Lidia se llenó de él, pero sintió vacío, un vacío que dolía. La sonreía a ella sí, pero no sonreía a Lidia, si no a una mujer a quien se le había caído la bolsa.

Ella le devolvió un “Gracias” apenas audible, pero denso. Una densidad originada por todas las palabras que le hubiera dicho, todos los sentimientos que albergaba, todo lo que Lidia recordaba de aquella parte de su vida que ahora se iba de nuevo y la volvía a dejar a sus espaldas. Y eso, sus espaldas, fue lo último que  vio de él.

Autoría: Tere Matas

http://www.elrelatito.com

 

 

 

 

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